Desperté en una habitación, rodeada de guente, todos mirándome con tristeza, llorando y sollozando en silencio. Alguien entró. Parecía que acabara de hablar por celular, y anunció que la ambulancia venía en camino.
Yo no entendía que estaba sucediendo; quise levantarme, pero una fuerza inexistente me detenia como si me tuviera encadenada en aquella posición. El viento soplaba fuertemente contra la ventana y dentro de la habitación había un silencion casi ensordecedor. Intenté hablar, pero mi boca no pronunciaba palabra alguna; quería que alguien rompiera ese silencion tan incómodo y me explicara que estaba pasando.
Los segundos corrían de una manera tan lenta, que parecía que en un minuto hubiera pasado una hora entera.
De pronto alguien entró. Trás ella entraron hombres con trajes blancos, que me levantaron y me pusieron en una camilla. Al bajarme por las escaleras recordé donde me encontraba, era la casa de mis tíos. La mujer que había entrado en la habitación era mi tía Alejandra, hermana de mi madre.
Cuando salieron de la casa, la pusieron dentró de un gran auto blanco con una cruz roja en la puerta trasera. Dentro me metieron en una especia de bolsa oscura y recién me di cuenta de lo que había pasado. Estaba muerta.
En el momento que la ambulancia empezo a moverse, comenzó a recordar que antes de morir había estaba reunida con sus hermanos Alex, Kevin y José, su madre Alena y su tía Alejandra. Conversaban del viaje que penaban hacer para las vacaiones de invierno, que eran en seis semanas más.
Mis hermanos querían ir a Buzios, Brasil; excepto Kevin, que quería ir a Coyhaique, Patagonia de Chile, al igual que yo. En cambio mi madre y mi tía querían ir a Cancun, México.
Mientras la ambulancia se dirigía a la cnlínica comnezó a llover. Los arboles se mecían con lso vientos y la lluvia a un ritmo maravilloso, como si fuera una banda en un concierto. Era perfecto, podía sentir todo, hasta el más mínimo aleteo de una abeja herida. Todo. Eso me hacía recordar un día lluvioso de Mayo, cuando Christopher me propuso matrimonio, pero yo no acepté.
Dos meses despúes, Christopher intentó matarla para que se fueran juntos al mundo de los muertos, y lo logró. Luego de un año ella murió envenada en la casa de sus tíos, sin embargo ella no lo supo nunca; ni si quiera en su vida como espíritu, porque ella siempre pensó que Christopher jamás le haría daño, si no que él fingía tratar de herirla para llamar su atención.
El día siguiente de mi muerte, descubrí que Christopher había muerto en un accidente automovilístico. Ese mismo día decidí irme al mundo de los espíritus para vivir como espíritu hasta el día de mi reencarnación.

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